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Crónica FIB 2017: ¡arde Benicàssim!

El FIB es uno de esos festivales con los que creces, de los que te sientes parte de ellos cada año y de los que te hacen recordar por qué te sientes tan viva cuando te rodeas de música. De esos que te gustan por todo, desde su cartel hasta la facilidad que otorga un recinto como el del Desierto de las Palmas (no en todos los festivales puedes ir corriendo de un escenario a otro sin morir en el intento). En conclusión: es uno de esos festivales que te enamora y te hace seguir yendo cada año. Dicho esto, creo que es remarcable apuntar que el festival en su vigésima tercera edición, puede decir que ha hecho retumbar un año más al pueblo que le vio nacer. Más de 170.000 asistentes así lo confirman, y es que el sábado 15, con Red Hot Chili Peppers en cabeza, el festival hizo lleno histórico.

Ya desde el jueves se hizo notar la increíble cantidad de fibers que se congregaron esta edición en el Desierto de Las Palmas, acompañado de un despliegue de seguridad mayor que años anteriores, una organización algo distinta en varios aspectos (por fin han hecho un atajo decente ¡y con control incluído! entre camping y recinto) y, cómo no, una macedonia musical donde no echamos (casi) nada de menos.

La primera jornada no pudo ser mucho mejor, mucho ritmo nacional marca Belako y Gatomidi junto con directos muy bien recibidos por el público como el de Ride, Kaleo, quienes juntaron un folk-blues en un sonido nítido y curioso que se coló hasta en el último rincón de algún que otro kilómetro a la redonda, o The Courteeners, quienes ya tienen unos cuantos fibs a sus espaldas y siguen sorprendiéndonos con una puesta en escena bastante enérgica.

Pero el día no había casi ni empezado. Stormzy, quien se autodefine como “a child of grime” y después de llegar al puesto número 1 en las listas británicas con solo 23 añitos, estaba comiéndose el escenario Las Palmas, mientras, además, hacía de warm up para lo que nos esperaba después, el indudable cabeza de cartel de este primer día: The Weeknd. A su favor he de decir que no esperaba disfrutar de este concierto ni la mitad de lo que lo hice. Temas que han llevado al canadiense al éxito, como su Starboy (con el cual abrieron por todo lo alto, por cierto), hicieron que el escenario ardiese entre gritos y sudor (mucho sudor) y que arroparan a Las Palmas con una acogida digna de admirar y un setlist que dejó en muy buen lugar a uno de los mayores exponentes a día de hoy del R&B. Si creía que la noche no podía dar más de sí solo me hizo falta dirigirme al South Beach Dance Stage para que Troyboi me hiciera darme cuenta de lo equivocada que estaba, no sin hacerlo un poco después Bonobo en Las Palmas.

La jornada del viernes por la tarde llevaba el nombre de The Sherlocks y Mourn sin duda, quienes hicieron una muy buena bienvenida a lo que iba a ser este segundo día. Yo, sin embargo, me centré totalmente en Temples, quienes siempre consiguen que plante mis oídos en ellos como una tonta, los pongan a la hora que los pongan y aunque su juego en el escenario con ese horario y ese set de luces no lucieran (valga la redundancia) todo lo que podían hacerlo.

Un cartel que se vistió de gala con Los Planetas, arropados por la mayoría de su público español y algún que otro británico despistado o curioso, Joe Crepúsculo o los ya míticos 2ManyDjs. Pero el protagonismo del viernes estaba claro que era para Foals (no, para mí no fue Deadmau5 el protagonista, de hecho cabe decir que su actuación me aburrió hasta que decidí abandonar la masa y continuar mi noche en otro lado).

Para mí empezaron como quería que empezaran, cuando el sonido marcaba los primeros acordes de Mountain at my Gates sabía que el bolo de Foals pintaba muy pero que muy bien. Sobra decir que otro de sus highlights fueron My number y Spanish Sahara, la cual se volvió a proclamar como ganadora en favoritas y más coreadas por los allí presentes. Y por si con la música no fuera suficiente, Yannis se dejó dar un baño de masas surcando los brazos de los allí presentes y ¡oye! todos más que felices. Sin duda fue un conciertazo de los pies a la cabeza y tienen mi notable alto y para repetir.

Todo lo demás fueron bailes y buen rollo con La Casa Azul (que pusieron patas arriba a medio recinto con su cierre bajo la ya mítica La revolución sexual, y Deadmau5 (para quien no abandonase, claro), sin olvidar el resto de escenarios, sobre todo un South Beach Pool Party arropado por una escena electrónica nacional y de calidad con artistas como Averno, Qwert.

Y llegó el sábado con sus nervios, sus colas (no recuerdo ningún FIB con esa cantidad de gente ya en la puerta del recinto bajo un sol de justicia desde las cuatro de la tarde) y con miles de fibers vestidos igual: camiseta negra de los californianos que habían conseguido atraer a más público del habitual. Estaba claro cuál era el gran cabeza de cartel del sábado (y del festival en general). Fueron muchos los que disfrutaron en primera fila (y no tan primera) de todos aquellos que calentaron el escenario antes que RHCP. Especial acogida tuvo Liam Gallagher, por supuesto con canciones de antes y de ahora (y Wonderwall para cerrar, ¡qué momento!).

Y llegaron las 23.15 h. Allí estaban ellos, allí estábamos nosotros. Ya antes de empezar en el público se creó un microclima que solo era el aperitivo de lo que nos esperaba. A pesar de que no era la primera vez que les veía en directo, estaba exactamente igual de nerviosa que la primera vez y no era para menos. Desde que empezaron, deleitándonos con un solo de varios minutos, todo fue éxtasis, alegría y ritmo, desde Around the world ritmo por todos lados.

Mientras tanto Peter Doherty hacía de las suyas en el VISA (ni la mitad de lleno, por supuesto), incluso corear “Fuck Red Hot Chili Peppers” junto con el público y tirar varias veces el micrófono y los monitores al suelo. El ex-frontman de The Libertines no consiguió en su escenario la misma afluencia que los californianos, pero sin duda hizo un concierto muy a su manera: caos, locura y mucho sonido british (que personalmente disfruté muchísimo cuando conseguí escaparme un poquito del mar de fibers de Las Palmas).

Después de todo esto aún me sentía con ganas para dejarme caer otra vez por este mismo escenario con Mura Masa e intentar ver lo que pudiera de Biffy Clyro, quienes asistían por año consecutivo a Benicàssim. Sin duda ambos fueron conciertazos y, al menos personalmente, no puedo tener ninguna queja de la que fue mi última noche. Para mí el festival acabó en sábado, pero ¡vaya sábado!

Laura Ortiz (texto/imágenes)

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