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Crónica de Morrisey en Madrid: relativa decepción

morrissey concierto madrid

Cuando el personaje está por encima del artista, es difícil discernir el apartado puramente musical de lo ocurrido el pasado jueves en Madrid. Pero ¿quién va a a un concierto de Steven Patrick Morrissey esperando sólo música?

Las cerca de 4.000 personas reunidas en la versión “capada” del Palacio de Deportes de Madrid (ahora rebautizado por una entidad bancaria que no nombraré) querían ver-sentir al divino, al arrogante, al insolente, al genial, al artista, que como pocos catalizó los sueños, anhelos y frustraciones de una generación en forma de maravillosas e intemporales canciones. Al frente sobre todo de The Smiths, pero también de su ya larga carrera en solitario, irregular pero siempre salpicada de talento.

Resulta paradójico que sea más fácil encontrarte en España con los Rolling Stones que con nuestro protagonista. Desde 2008 no hemos gozado de su presencia y siempre bajo el paraguas de un festival. Lejos queda ya su primer y multitudinario concierto gratuito con The Smiths de las fiestas de San Isidro 1985. Retransmitido en directo por TV en su momento y canonizado hoy vía You tube. Lo cierto es que pese a filias y fobias, Morrissey es un artista inconmensurable, con unas capacidades líricas, interpretativas y vocales desmesuradas que, aún hoy, atesora casi intactas, y con un complejo universo propio que sus fans han hecho suyo.

En el aire flotaba el miedo a una suspensión; ¿Cómo le habrían afectado sus nuevos problemas de salud? (hace unos días reconoció que había sido tratado contra el cáncer), ¿Podría el ébola o el sacrificio del perro “Excalibur” hacer mella en su disposición a visitarnos? Los anunciados e inexistentes teloneros fueron intercambiados por una pequeña colección de vídeos con los que ir asimilando el mundo morrisseiano: Ramones, Nico, las inevitables New York Dolls y hasta Charles Aznavour, desfilaron en una pantalla que cubría por completo el escenario. Fue curioso que esta selección incluyera la propia “The Bullfighter Dies”, su reciente diatriba anti-taurina (¿quedaba invalidada para el recital de esta forma?).

Dos minutos antes de la hora prevista caía el telón y aparecía Mozz al frente de su banda. Tras un saludo oriental y anunciar buenas noticias, arrancaban con “The Queen Is Dead” y lo que prometía ser una noche inolvidable. Bajo una escenografía austera pero cuidada al milímetro, continuaron Speedway y de nuevo (esta vez en directo) “The Bullfighters Dies” marcando lo que sería la tónica del concierto: protagonismo absoluto de su reciente (y mediocre) álbum “World Peace Is None Of Your Business, temas menores de su carrera en solitario, y alguna concesión a los idolatrados The Smiths.

La banda, de nuevo bajo las ordenes de Voz Boorer, sonaba contundente y precisa, un vehículo perfecto para la voz del divo que no escatimó en entrega, intensidad ni combatividad. Las principales dianas de sus dardos: la familia real británica, los maltratadores de animales y su reciente ex-compañía discográfica “Harvest”. Los músicos fueron utilizados una vez más como “hombres anuncio” luciendo camiseta con la frase “Mad in Madrid”. Uno de los momentos mágicos de la noche se vivió al son de los primeros acordes de “Everyday Is Like Sundays, uno de sus primeros éxitos en solitario, que convirtió el Palacio de los deportes en torrente de emociones.

La sucesión de temas anodinos que vino después apenas se pudo paliar con una “Meat Is Murder”, acompañada de espeluznantes imágenes de tortura animal. A esas alturas ya estaba claro que el repertorio de la noche no sería el de las grandes ocasiones. Quizá Morrissey pretendiera expresar un estado de ánimo o quizá defender el nuevo disco (hasta 8 temas) frente a la expulsión de “Harvest”… El caso es que el gozar de tan extenso y excelso cancionero te da la potestad de utilizar lo que creas conveniente en cada momento. Sólo los mas grandes tienen derecho a ello.

Adelantándose a la “relativa decepción” del público, el bis fue una completa reivindicación de su ex-banda con una emocionantísima “Asleep” que hizo rodar lágrimas a más de uno. Y la pluscuamperfecta “How Soon Is Now” que redimieron, en parte, un concierto perfecto en su ejecución pero con un contenido desacertado.

Ángel Shock.

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